JUEZ BORSELLINO, HOMENAJE AL SON DE UN PROCESO JUDICIAL QUE GENERA TENSIONES Y AMENAZAS
Por Jean Georges Almendras
Transcurridos ya 21 años de la muerte del juez siciliano Paolo Borsellino, tragedia ocurrida en Vía D amelio, Palermo, Sicilia, el día 19 de julio de 1992, no es motivo para olvidarlo. Todo lo contrario. La personalidad, el trabajo y su compromiso con la tarea de administrar justicia (en los duros años del maxi proceso contra integrantes de Cosa Nostra) se encuentran en nuestros días más entre nosotros, junto a sus ideales y a sus valores. Un elevadísimo número de ciudadanos italianos y del mundo, entre ellos los periodistas de Antimafia Due Mila y de sus filiales en Argentina y Uruguay, con una muy fortalecida convicción, no solo consideran al magistrado extinto como un emblema de la lucha antimafiosa, en Italia y en el mundo, sino que además se solidarizan con él, desempeñando un muy intenso, valeroso y revolucionario trabajo de denuncia de todo lo que concierne a los días en los cuales, las tratativas entre el Estado italiano
y la Mafia, formaban parte de los parámetros de existencia de quienes deseaban eliminar de la sociedad a Borselllino y a su amigo y compañero de lucha, el juez Giovanni Falcone. En el Palermo de hoy, el Fiscal Nino Di Matteo, secundado de otros colegas (como el Fiscal General de Palermo Roberto Scarpinatto) se ha puesto sobre sus espaldas sacar a la luz pública los entretelones de esa tratativa, para que se definan (y se castiguen) a los responsables de tanta conspiración. Es por ello que el proceso en los Tribunales de Palermo, sobre la negociación Estado-Mafia, está en pleno auge. Pero hay más, en torno a éste tema, porque en un nuevo aniversario del magnicidio de Vía D Amelio, se han previsto en Palermo la realización de tres actos de homenaje al magistrado asesinado. En uno de los tres ceremoniales –el que tradicionalmente es organizado por el Movimiento de las Agendas Rojas, de Salvatore Borsellino, y por la Redacción de Antimafia Duemila, del día 18 de julio- se vivió un clima de extrema tensión, adoptándose severas medidas de seguridad, ya que recientemente, el Fiscal Di Matteo, a cargo del proceso en curso, fue amenazado, desde las sombras de la mafia, como advirtiéndole que Cosa Nostra está presente y que está atenta. Es que el cáncer mafioso aún no ha sido extirpado, ni de las calles de Palermp, ni de las calles del mundo, y mal que nos pese, ni del Estado y ni de la clase política italiana.


Hace 21 años, el día 23 de mayo de 1992, volaban por los aires –en la autopista de Vía Capaci- los automóviles blindados ocupados por el magistrado Giovanni Falcone y su esposa y sus custodias, y unos 57 días después, en Vía D Amelio, le tocaba el turno a su amigo y compañero de lucha contra la mafia, el juez Paolo Borselllino y a cinco de sus custodias. Los emblemas de una lucha sin cuartel con el poder mafioso habían sido quitados del camino. Tiempo después, las huellas de tales muertes se hicieron sentir en la sociedad siciliana y en el mundo, con hechos y palabras que mantuvieron encendida la antorcha de la búsqueda de la verdad sobre tamaños crímenes.
Ahora bien, 21 años después del 19 de julio de 1992, Palermo se “viste” de luto. Una vez más. Los unos sentidamente, y los otros, me atrevería a decir, hipócritamente. Dentro del grupo de los primeros, precisamente colegas suyos, otros operadores de justicia, periodistas y familiares de Borsellino llevaron adelante un acto en el interior del edificio de la Facultad de Jurisprudencia de Palermo. Un acto de ribetes trascendentales, significativos, y que refleja –a través de sus participantes y de sus organizadores- que las ideas de Paolo Borsellino permanecieron incólumes, al igual que las ideas de Giovanni Falcone. Pero más que sus ideas, los efectos de su trabajo técnico, humano y filosófico, a la hora de comprometerse con su investidura y con la investigación sobre los pasos que iba dando el crimen organizado, con el rostro de Cosa Nostra.
A propósito de ellos, o mejor dicho, a propósito de lo que hicieron ellos, es que las investiduras ideológicas de los jueces antimafia del año en curso, parecen advertirnos que ya no hay tiempo para coberturas de silencio o de indiferencia respecto a las responsabilidades del Estado italiano respecto a la desaparición física de los dos togados del Palacio de Justicia de Palermo.
Toda la fuerza del clima de repudio a esa tratativa y toda la indignación que la misma se merece quedo sensiblemente expuesta, a la vista local e internacional, en la nómina de participantes del encuentro en la Facultad de Jurisprudencia de Palermo, previsto para el miércoles 21 de julio, a las 20 y 30 horas.
Ha sido convocado para hablar con la fuerza de su hermano fallecido, Salvatore Borselllino, pero la nómina de oradores incluye además: al ex magistrado y líder del Movimiento Acción Civil, Antonio Ingroia; al Procurador adjunto de Caltanissetta Domenico Gozzo; al Pocurador adjunto de Palermo, Victorio Teresi; al periodista Saverio Lodato y a los organizadores del evento, periodistas Anna Petrozzi y Giorgio Bongiovanni, Jefa de Redacción de Antimafiaduemila y director-fundador de Antimafiaduemila, respectivamente. Asimismo se ha previsto la proyección del filme de Donata Gallo “Querido Paolo” a cuyo final hará uso de la palabra nada menos que el Procurador General de Palermo Roberto Scarpinato.
En materia de homenajes, se planificaron dos más. Uno en el lugar mismo del atentado, es decir Via Mariano D Amelio, a realizarse el 19 de julio. Para este día se planificó la intervención, entre otros, del Fiscal Nino Di Matteo, los operadores de justicia Roberto Scarpinatto, Leonardo Guarnotta y el periodista Marco Travaglio. Al día siguiente en cambio las actividades se relacionarían con las Agendas Rojas, cuyo movimiento ha venido desempeñando en los últimos años una labor extremadamente reveladora.

Hace 21 años, Paolo Borsellino, cuya emocionalidad había cimbrado literalmente, tras la muerte de su amigo Giovanni Falcone en aquellos días de extrema violencia, dijo con palabras lamentablemente proféticas: ”La mafia me matará pero serán otros los que habrán querido mi
muerte”
No cabe duda que por aquellos días del mes de julio, aquella reflexión, ya desnudaba, en Palermo, el nombre de quienes querían verlo muerto: el Estado. Definir su apellido es lo que se está haciendo ahora, allí mismo, donde los togados del Palacio de Justicia se conmocionaron por la sangre derramada.