EL ADIÓS A MARÍA ESTHER GILIO, SÍMBOLO DEL PERIODISMO CON MAYÚSCULAS, EN LA HISTORIA DE LOS URUGUAYOS
Por Jean Georges Almendras
No la conocí personalmente. La vida no me concedió ese privilegio, pero sus escritos –estoy hablando de la periodista y escritora uruguaya María Esther Gilio- tuve oportunidad de leerlos, una y otra vez, saboreándolos como un goloso del intelecto. Supe disfrutar de sus entrevistas, como tantos otros uruguayos, por aquellos años 70. Años duros en los que ella nos fue moldeando con su pluma, con su capacidad de trasmitir la soledad y la disparidad de la condición humana, fluidamente, pintándonos personajes de la vida real –en especial de quienes entrevistaba- y relacionándonos con realidades y situaciones ajenas a ella y a nosotros mismos.
Lo hacía con la sabiduría que le salía del alma, delatándola como mujer sensible, y esencialmente humana y comprensible con los desprotegidos y con los débiles. Sus reportajes empañaban su profesión de abogada, al punto que el Derecho dio un paso al costado, cediéndole terreno a la escritora. Una muy hábil, de aquellos años de rebeldías, que la llevaron al exilio para no perder la vida. Era Una mujer de cultura y de vida, porque amaba la vida. Y porque la amaba –hasta el mango- la conocía y la describía con alegría y con coherencia.
María Esther Gilio, que nacía en el año 1928, nos dejó a los 83 años. Toda una vida dedicándole tiempo y conocimiento, al periodismo comprometido con el amor al prójimo, con la justicia y la sensibilidad de las comunidades humanas víctimas del poder y de la opresión, de su tiempo y de nuestro tiempo. Una periodista que nació en el oficio de escribir en el semanario Marcha, en el que de la pintura pasó a la política, abriendo y cerrando puertas, que la sumergieron en el mundo del reportaje, como instrumento de su tenacidad y de su don de gente.
Inteligente y noble, con sus ideales y con sus principios, María Esther Gilio nos dejó huérfanos de su calidez de combatiente de las causas sociales y de las luchas humanas. Su huella y sus frutos, no me llevan a otra cosa que homenajearla primero y a despedirla después. No obstante, estarás siempre. Aquí. Junto a nosotros.