Por Andrés Volpe-9 de marzo de 2022
A Florencia Torres la mató su "expareja", un joven que casi la doblaba en edad y que venía persiguiéndola hacía bastante tiempo. Florencia tenía solo 14 años y su familia padecía una extrema pobreza.
La niña que pertenecía a la comunidad wichí de Pichanal, en el departamento de Orán, sufrió la falta de su madre a corta edad, pero esa no fue una de las peores experiencias que vivió. Lo peor fueron los abusos cometidos por un adulto, a partir de los 11 años.
Según una investigación realizada por Página/12, hace unos tres años la madre de Florencia falleció, y junto a su hermanita menor fueron entregadas a su padre biológico, que las llevó a la comunidad wichí El Algarrobal, en la periferia de Pichanal, y luego a la comunidad Nueva Jerusalén, del Pueblo Ava Guaraní, en el mismo pueblo.
Fue en ese lugar, donde la niña pasaba largos días, yendo de un lugar a otro sin rumbo, “estaba como de un lugar a otro siempre”, relató una de las mujeres que intentó ayudar a su familia. “Es una niña. Me duele el abandono, me duele la invisibilización que tenía”, se lamentó.
Esta mujer, integra el grupo llamado Kuape Äi (Aquí estoy), de "mujeres que ayudan a mujeres", integrado por mujeres de la comunidad Misión San Francisco, ubicada también en Pichanal. Toda la ayuda será necesaria para esta familia abandonada, al parecer, por el mundo entero. Solo una nueva muerte de una inocente puede opacar y movilizar a las herramientas y operadores que solo se movilizan para no manchar su imagen o por inercia ante los reclamos y empujones de aquellos ciudadanos desesperados por encontrar justicia.
Florencia fue asesinada el cinco de marzo. Su cuerpo fue encontrado cerca de la ruta provincial cinco. Por lo poco que se logró saber, estaba en compañía de su "expareja". Un joven agredió primero a este hombre y luego la atacó con un cuchillo con el que le provocó al menos dos heridas en el pecho.
Según el Ministerio Público Fiscal de Salta, estos dos hombres ya fueron detenidos y serán sometidos a la audiencia de imputación por parte de la fiscal de Orán Claudia Carreras, que está participando de la investigación.
La familia de Florencia confirmó la identidad del agresor, un hombre de unos 25 años de edad al que calificaron como "especial" (por tener capacidades diferentes) y que mantenía una relación de abuso sexual desde "hace más de tres años". Confirmaron además que Florencia vivió con este hombre "un tiempito" pero en un momento "no quería saber más nada con él" e intento en un momento intentar desligarse, pero "él en este último tiempo venía, la amenazaba, le gritaba desde la calle”.
Las mujeres del grupo Kuape Aï fueron probablemente la única ayuda que recibió la familia en los últimos días. Si bien la secretaría de asuntos indígenas tomo conocimiento del hecho, para ponerse en contacto con la familia, el hecho de haber llegado más que tarde, es un síntoma terminal de un estado ultra ausente. Y este es el tercer femicidio en dos meses en Salta, por lo tanto, no hay muchas excusas como para realizar un relevamiento de la situación particular de la vida en las comunidades.
Por la descripción que hicieron las personas cercanas a la familia de la niña, Florencia carecía absolutamente de todo, como los alimentos básicos para el sustento. Afirman que tuvieron que organizar una colecta para suministras comida a los niños de la familia, porque el padre hace changas en fincas y tiene un ingreso mínimo.
La familia, totalmente aislada y sin recursos para tener asesoramiento de la justicia, entro en la desesperación, a tal punto que su padre no sabía cómo iba a pagar el cajón de su hija, apenas le entregaran el cuerpo a su familia. Fueron militantes feministas de la provincia que alertaron a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, para que tomaran cartas en el asunto, y de esta forma comenzaron a movilizarse, luego de que el grupo Kuape Äi denunciara la situación de abandono en la que se encuentra la familia de Florencia. "La hermanita, un año menor que Florencia, nos cuenta que no va a la escuela, tiene unas ganas enormes de ir a la escuela”, relató una de las militantes.
La pobreza avanza en la Argentina, que abandona a los suyos, a los originarios, que, desde los comienzos de la colonización del territorio, fueron masacrados, y hoy vienen sufriendo el mismo destino, pero esta vez en cámara lenta, y desde el olvido, el más demencial castigo que un ser humano puede infligirle a otro.
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*Foto de portada: Tiempo Argentino