EDITORIALES DE GIORGIO BONGIOVANNI

Imagen de portada del editorial sobre el discurso de Netanyahu en la ONU

El jefe de la mafia rusa se llama Semion Yudkovich Mogilevich, el «jefe de jefes», nacido en Kiev en una familia judía en 1946 y licenciado en Economía en Leópolis. Es el más buscado del mundo entre los poderosos capos y el FBI lo considera el gánster más poderoso y peligroso del mundo, la cabeza financiera de la mafia rusa postsoviética. Tras sus comienzos en la delincuencia moscovita y las estafas a emigrantes judíos en los años ochenta, construyó un imperio de lavado de dinero mediante más de cien sociedades pantalla en veintisiete países, convirtiéndose en el «banquero» de la Solntsevskaya bratva. Según una investigación del Village Voice de 1998, Mogilevich y algunos de sus colaboradores se instalaron en Israel a comienzos de 1990 y obtuvieron la ciudadanía. La misma investigación sostiene que un informe de la inteligencia israelí le atribuía un papel de «cabeza de puente» en el país y contactos políticos influyentes. Hoy sigue viviendo libremente en Moscú, protegido por sus vínculos con las altas esferas del poder político ruso.

Ni siquiera los grandes poderes rusos —en primer lugar, Vladímir Putin— pueden detenerlo. Lo único que puede hacer Putin es defender el territorio con armas nucleares, nada más. Ni siquiera debe permitirse hablar mal de Israel, aunque quisiera hacerlo. Porque los jefes de la mafia rusa, los que invierten miles de millones y están sosteniendo la economía rusa, son judíos y mafiosos.

Semion Yudkovich Mogilevich

Semion Yudkovich Mogilevich

Sin esos fondos, el líder del Kremlin no podría mantener operativo el arsenal de armas nucleares, cuyo costo de mantenimiento se estima en unos 800.000 millones de rublos en 2026, equivalentes a 26 millones de dólares diarios —10.000 millones de dólares al año—.

Una perversa red de poder que, en Occidente, ha llevado al criminal de guerra número uno del mundo a hablar en el Palacio de Cristal para dar lecciones de derecho internacional a todos.

El delirante Netanyahu en la ONU

«Israel no ha cometido un genocidio. ¡Israel ha impedido un genocidio!», afirmaba durante el 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas Benjamín Netanyahu, sobre quien pesa una orden de arresto de la Corte Penal Internacional (CPI), emitida el 21 de noviembre de 2024 por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.

Con absoluto descaro y una desfachatada arrogancia, el líder israelí incluso levantó un dispositivo buscapersonas y preguntó al público: «¿Los recuerdan?», para luego añadir, entre los aplausos de una parte de la sala: «Sin duda, Hezbolá los recuerda».

Frases pronunciadas en referencia a un atroz atentado terrorista que provocó 9 muertos y unos 3.000 heridos entre las filas de Hezbolá, afectando más a civiles que a milicianos armados.

Benjamín Netanyahu con un buscapersonas

Benjamín Netanyahu con un buscapersonas en la mano © Imagoeconomica

La actitud engreída y arrogante de Bibi Netanyahu recibió, de todos modos, el aplauso colectivo de un Occidente unido que permaneció escuchándolo, y no solo con un consentimiento tácito. Estados Unidos, por supuesto, aplaudió a Netanyahu, mientras las delegaciones de otros aliados, como Italia, Francia, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos, guardaban un silencio religioso.

Solo el «sur» global faltó a la cita para asistir al delirio a favor del genocidio de un criminal de guerra. Según reconstrucciones publicadas por diversos medios, más de cien delegados procedentes de unos cincuenta países habrían abandonado la sala al comienzo de su intervención.

Pero ¿por qué este personaje parece tan intocable en Occidente?

La realidad no es lo que parece. Él es solamente un payaso ridículo, una marioneta, un títere en manos de personajes mucho más poderosos que él.

Yo soy judío, cristiano católico, y por eso quiero defender de estos fascistas criminales que están en el poder en Israel mi tierra: la que acoge y abraza al hermano palestino; la de Isaac, que se siente hermano de Ismael y no lo discrimina; la de quien tiene el mismo padre, Abraham, el mismo Dios de Moisés, y a Jesucristo como Mesías. Ese Israel quiero defender, junto con esa Palestina que tiene a Ismael, a Cristo como profeta y a Alá como Dios.

Por eso es más necesario que nunca desmitificar esta farsa para llegar a la realidad más profunda que se esconde detrás del genocidio de Gaza. El lobby judío-sionista internacional.

Vladímir Putin

Vladímir Putin © Imagoeconomica

Netanyahu, los Rothschild y los orígenes de Israel

La biblioteca de Benjamín Netanyahu es conocida por todos los israelíes, pues ha servido de fondo para innumerables mensajes en las redes sociales. Para el observador atento, los propios libros constituyen un mensaje político: entre ellos destaca la biografía en dos volúmenes dedicada a Vladímir Jabotinsky, escrita por Shmuel Katz, referente ideológico del sionismo revisionista del que Netanyahu se considera heredero.

Sin embargo, para su mandato más reciente como primer ministro se añadió un nuevo elemento. Sobre su hombro izquierdo aparecieron nueve pequeñas estatuas de figuras sionistas, una colección surgida del trabajo de Assaf Harari, propietario del estudio Piece of History, quien comenzó la serie con una estatuilla de Theodor Herzl, el padre fundador del sionismo político, representado mientras observa desde el balcón de Basilea, sede del Primer Congreso Sionista. Entre las nueve figuras elegidas por Netanyahu destaca, sin embargo, la de Edmond Rothschild, el único financiero de la serie y probablemente el nombre con mayor carga simbólica y económica.

El barón Edmond James de Rothschild (1845-1934), perteneciente a la rama francesa de la célebre dinastía bancaria, fue una de las figuras más determinantes en el nacimiento del Estado judío moderno. En Israel se lo recuerda como «HaNadiv HaYadua» —el Benefactor Conocido— o como «el Padre del Yishuv», la comunidad judía en Palestina.

Edmond James de Rothschild en Palestina en 1914

Edmond James de Rothschild en Palestina en 1914

Tras los pogromos rusos de 1881, Rothschild se acercó al movimiento de renacimiento nacional judío, financiando la compra de tierras y la fundación de aldeas agrícolas en Palestina, entre ellas Rishon LeZion, Zikhron Ya'akov y Ekron. Su intervención no se limitó a aportar fondos: envió expertos agrónomos franceses para enseñar viticultura y técnicas agrícolas modernas, fundó bodegas, escuelas e infraestructuras y supervisó personalmente los proyectos, imponiendo estándares de eficiencia, a menudo de manera autoritaria, pero con el objetivo explícito de construir las bases económicas de un futuro Estado judío.

Un aspecto poco conocido de su figura es la distancia formal que mantuvo respecto del sionismo institucional: aunque se lo considera el principal sostén financiero del sionismo práctico, Rothschild siempre rechazó el sionismo ideológico y organizado como movimiento político, pese a actuar concretamente en favor de la colonización judía de Palestina. En 1924 fundó la Palestine Jewish Colonization Association (PICA), que adquirió más de 50.000 hectáreas de tierra y puso en marcha numerosas iniciativas económicas en la región.

Después de la muerte del barón, su hijo James de Rothschild continuó la obra paterna, pero trabajando más abiertamente con el movimiento sionista organizado. Amplió las propiedades de la PICA, financió asentamientos de trabajadores e instituciones educativas, negoció transferencias de tierras a la Jewish Agency y financió la construcción de la Knéset después de la independencia israelí de 1948.

Billete de 500 séqueles con el retrato de Edmond de Rothschild

Cuando se fundó el Estado, la familia donó 500 km² de tierras a Israel; a finales de los años cincuenta transfirió además los aproximadamente 30 km² de terrenos de Cesarea a la Rothschild Caesarea Foundation, invitando al Estado a convertirse en socio. La Edmond de Rothschild Foundation (Israel) continúa activa hoy: en junio de 2018 se firmó un acuerdo entre el Estado de Israel, la Casa Rothschild y la Fundación para extender la cooperación hasta 2032, con el compromiso de la fundación de aportar entre 750 millones y 1.000 millones de séqueles en tres años para proyectos conjuntos de educación superior. Las donaciones anuales de la fundación pasaron de unos 32 millones de NIS en 2015 a 86 millones en 2018.

El reconocimiento público del papel de Edmond de Rothschild es tangible: David Ben-Gurión lo definió como «Padre de la Colonización», su retrato apareció en el billete israelí de 500 séqueles entre 1982 y 1986, y el célebre bulevar Rothschild de Tel Aviv sigue llevando su nombre.

La Declaración Balfour y el giro diplomático

El camino político hacia la creación del Estado obtuvo sus primeros éxitos internacionales cuando la diplomacia británica comenzó a ejercer presión a favor de la causa sionista. La fecha simbólica es el 2 de noviembre de 1917, cuando el secretario de Estado británico de Asuntos Exteriores, lord Arthur James Balfour, manifestó su apoyo a lord Rothschild, presidente de la Federación Sionista Británica.

Arthur James Balfour

Arthur James Balfour

La misiva, que pasó a la historia como «Declaración Balfour», proclamaba que el Gobierno de Su Majestad veía favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, siempre que nada perjudicara los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías de la región. El escritor sionista revisionista Arthur Koestler describió la operación con una fórmula que se hizo célebre: una nación prometía solemnemente a una segunda nación la tierra de una tercera. La segunda parte de la declaración, la que protegía a las comunidades no judías, resultó impracticable desde el principio, y fue precisamente el Gobierno británico el primero en enfrentarse con las milicias armadas del movimiento dirigido por David Ben-Gurión, responsables de ataques contra soldados británicos. Algunas de estas organizaciones paramilitares también utilizaron técnicas de desinformación y encubrimiento —falsa bandera— para atribuir a otros la responsabilidad de determinados atentados.

El resto es la historia de una gran operación de limpieza étnica y apartheid contra el pueblo palestino, que continúa desde 1948 hasta hoy.

Las grandes finanzas que hoy tienen a Tel Aviv en sus manos

Pero, hechas estas consideraciones históricas, es necesario llegar al centro de la cuestión. ¿En qué se sostiene hoy la actuación de Israel? ¿Cómo logra sostener su economía después de tres años de guerras ininterrumpidas?

Sin duda, en primer lugar debemos citar a Larry Fink, de origen judío, fundador de BlackRock en 1988. El fondo de inversión se convirtió en pocos años en el más grande del mundo: en el segundo trimestre de 2026, la compañía informó de 15,34 billones de dólares en activos bajo gestión, un aumento interanual del 22 %, después de 868.000 millones de dólares de entradas netas en los últimos doce meses. Se trata de una cifra casi tres veces superior al PIB nominal de Alemania, la mayor economía de la Unión Europea. De ese patrimonio, el 58 % está invertido en acciones —8,9 billones de dólares—, el 22 % en bonos —3,4 billones—, el 9 % en estrategias multiactivo y el 7 % en instrumentos de liquidez, como las letras del Tesoro; el 41 % del total está asignado a ETF.

BlackRock

BlackRock no actúa sola. Junto con Vanguard y State Street forma lo que analistas y académicos llaman el «dragón de tres cabezas» o las «Tres hermanas» —Big Three—, un bloque de poder financiero sin precedentes históricos. Las tres compañías están vinculadas mediante participaciones accionarias cruzadas: BlackRock y State Street poseen conjuntamente alrededor del 20 % de Vanguard; Vanguard y State Street poseen aproximadamente el 12 % de BlackRock, mientras que Vanguard y BlackRock controlan cerca del 18 % de State Street. Este entramado de propiedad hace que la competencia directa entre los tres gigantes sea prácticamente inexistente, configurando una lógica de asociación más que de competencia.

Además de las participaciones accionarias, BlackRock ejerce una influencia relevante sobre los gobiernos mediante la gestión de la deuda pública y actividades de asesoramiento directo. Durante la crisis financiera de 2008 llegó a gestionar, por cuenta de la Reserva Federal estadounidense, activos tóxicos por unos 5 billones de dólares en apenas seis meses, asesorando a nueve de los diez mayores bancos estadounidenses y al programa de rescate bancario de 700.000 millones de dólares aprobado por el Congreso. Desempeñó un papel similar en Europa durante la crisis de la deuda soberana en Irlanda y Grecia, y nuevamente en 2020, cuando la Fed volvió a recurrir a BlackRock para gestionar la compra de bonos corporativos durante la pandemia.

En Italia, aproximadamente el 33 % de la deuda pública está en manos del mercado financiero internacional, en gran parte de las Tres hermanas; BlackRock también posee participaciones en empresas estratégicas italianas como Leonardo —limitada por estatuto al 3 % con derecho de voto—, Unicredit, Intesa Sanpaolo, Enel, Eni, Generali, Stellantis, Ferrari y Poste Italiane. El 15 de agosto de 2025, Larry Fink fue nombrado copresidente interino del Foro Económico Mundial, tras la salida de su fundador, Klaus Schwab, un cargo que consolida aún más su posición central en la gobernanza económica global.

Larry Fink

Larry Fink © Imagoeconomica

Pero veamos el vínculo entre las grandes finanzas internacionales y la economía israelí. Esta relación simbiótica se ha convertido en un tema de creciente atención después del comienzo de la guerra en Gaza, en octubre de 2023. La Bolsa de Tel Aviv ha mostrado un rendimiento sorprendente durante el conflicto: el índice TA-35, de las principales empresas, subió un 53 % solo en 2025, y a finales de septiembre de 2026 registraba un crecimiento interanual del 42,2 % y del 17,7 % desde comienzos de año. El TA-125 ganó un 52 % en 2025, convirtiendo a la Bolsa israelí en una de las de mejor rendimiento del mundo pese al conflicto en curso. El índice asegurador israelí —TA-Insurance— registró un rendimiento del 179 % solo en 2025; el financiero, del 106 %, y el bancario, del 68 %.

En este contexto, BlackRock mantiene una presencia directa en los mercados israelíes mediante el fondo iShares MSCI Israel ETF, lanzado en 2008, que replica un índice de las principales empresas que cotizan en Tel Aviv. Según un informe de junio de 2025 del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, recogido por diversas organizaciones internacionales, BlackRock figura entre las entidades financieras con exposición a bonos del Gobierno israelí emitidos durante el conflicto, con cifras estimadas en unos 68 millones de dólares en títulos de deuda pública adquiridos durante las principales emisiones bélicas, además de participaciones en Elbit Systems, el principal fabricante israelí de armamento y sistemas de selección de objetivos para los drones utilizados en Gaza, y en contratistas de defensa estadounidenses como Lockheed Martin —de la que BlackRock posee aproximadamente el 7,4 %—, Boeing, RTX y Northrop Grumman. El mismo informe señala a BlackRock como el segundo mayor inversor institucional en Palantir Technologies, proveedora de los sistemas algorítmicos de selección de objetivos utilizados en las operaciones militares en Gaza.

Quién financia realmente la deuda de guerra israelí: los bancos colocadores de los «bonos de guerra»

Pero eso no es todo. Una investigación del grupo neerlandés de investigación financiera Profundo, publicada por las ONG BankTrack y PAX, reconstruyó cómo siete grandes bancos occidentales colocaron títulos de deuda pública israelí —«bonos de guerra»— entre el 7 de octubre de 2023 y enero de 2025, por un total de 19.400 millones de dólares. Estos bancos actúan como underwriters, es decir, organizan y garantizan la emisión en el mercado primario, sin necesariamente conservar los títulos en sus propias carteras.

Sede de Goldman Sachs en Nueva York

La sede de Goldman Sachs en Nueva York © Imagoeconomica

Goldman Sachs aparece como el banco con el mayor importe suscrito, equivalente a 7.200 millones de dólares, alrededor del 37 % del total, y se confirma así, con diferencia, como el mayor suscriptor entre los siete bancos involucrados. Le sigue Bank of America, con una suscripción de entre 3.500 y 3.600 millones de dólares, mientras que Citigroup alcanza los 2.900 millones. Deutsche Bank suscribió 2.500 millones y BNP Paribas, 2.000 millones. Completan el panorama JPMorgan Chase, con un importe de entre 690 y 700 millones de dólares, y Barclays, con 500 millones. Reuters confirmó el papel de estas entidades como colocadoras también en la emisión de 5.000 millones de dólares de los primeros meses de 2025.

¿Los mayores accionistas de estos bancos? Las Tres hermanas, por supuesto. En Goldman Sachs, las principales participaciones corresponden a Vanguard —9,68 %—, BlackRock —7,80 %— y State Street —6,65 %—. En Bank of America figuran nuevamente Vanguard —9,1 %— y BlackRock —6,9 %—. Y en JPMorgan Chase, Vanguard posee el 9,86 % y BlackRock, el 7,15 %.

Quién compra efectivamente los títulos

Aparentemente distinto es el grupo de inversores institucionales que compra los títulos de deuda israelí en el mercado secundario para sus propios fondos o para sus clientes. Según la investigación de Profundo, BankTrack y PAX, unos veinte inversores, en gran parte gestores de activos estadounidenses, adquirieron más de 2.700 millones de dólares en bonos israelíes desde el comienzo del conflicto. El mayor inversor individual es PIMCO, filial estadounidense de la alemana Allianz, con casi 1.000 millones de dólares, seguida de Vanguard, con unos 546 millones, y Wellington Management, con 250 millones. Franklin Resources adquirió 173 millones y Capital Group, 124 millones, mientras que BlackRock se sitúa en unos 68 millones de dólares. Entre los inversores europeos también aparece BPER Banca, que entre octubre de 2023 y enero de 2025 compró 99 millones de dólares en títulos israelíes.

Allianz

Y aquí llegamos a un detalle relevante que se refiere precisamente a la empresa matriz de PIMCO, Allianz: aunque ningún accionista individual posee el control mayoritario, también en este caso las Tres hermanas tienen las participaciones más importantes de la aseguradora alemana. BlackRock posee el 8,42 % de Allianz, unos 31,5 millones de acciones por un valor aproximado de 14.000 millones de dólares, mientras que Vanguard posee el 4,12 %, equivalente a 15,4 millones de acciones y unos 6.800 millones de dólares. Se trata de la misma dinámica de participaciones cruzadas observada en el resto de la economía global: la compañía que controla PIMCO, a su vez uno de los mayores compradores de bonos de guerra israelíes, también está parcialmente en manos de las otras dos integrantes de la tríada.

Por lo tanto, siempre son ellos, los grandes fondos de inversión, quienes sostienen al Estado de Israel.

Si observamos, en cambio, quién posee hoy la deuda, entran en juego otros siniestros personajes de poder. El fondo de inversión Ksm Mutual Funds, que cotiza en Tel Aviv, es quien posee las mayores participaciones, con una exposición de aproximadamente 3.600 millones de dólares.

Ese mismo fondo ha aparecido recientemente en investigaciones periodísticas como el mayor tenedor mundial de «bonos de guerra» israelíes: en noviembre de 2025 tenía una exposición de algo más de 3.600 millones de dólares, por delante de Migdal y Allianz. Este dato corresponde a las inversiones realizadas por los fondos gestionados por KSM por cuenta de sus suscriptores.

KSM está controlada por Phoenix Holdings Ltd. —«Phoenix Financial»—, uno de los mayores grupos aseguradores y financieros israelíes. A su vez, hasta 2024 Phoenix era gestionada por Centerbridge Partners y Gallatin Point Capital, dos fondos estadounidenses de capital privado que habían adquirido el control de la compañía en 2019 con una participación del 31,45 %. Entre julio de 2024 y enero de 2025, estos dos fondos vendieron aproximadamente el 31 % de las acciones a un grupo de inversores internacionales e israelíes, quedándose después con apenas un 10 % aproximadamente. Y entre los principales compradores aparece Affinity Partners, el fondo estadounidense de capital privado vinculado a Jared Kushner, que adquirió casi el 10 % de las acciones.

Jared Kushner

Jared Kushner © Imagoeconomica

Trump y la familia Kushner que lo orientó hacia Israel

Al llegar al personaje de Kushner, es necesario hacer una breve introducción que describa los vínculos indisolubles creados con la actual presidencia estadounidense. Los primeros vínculos de Trump con el mundo judío surgen a comienzos de la década de 2000. Durante la construcción de la Trump World Tower —terminada en 2001—, Trump atrae capitales de inversores vinculados a organizaciones filantrópicas judías, entre ellos Israel Englander, Ronald Lauder y Lev Leviev, mientras figuras como Haim Saban, Michael Steinhardt y David Pecker facilitan el acceso al crédito mediante circuitos de lobby proisraelí. En 2003, Trump recibe el «Tree of Life Award» del Jewish National Fund, consolidando una imagen favorable a la causa judía que tendrá futuras repercusiones políticas.

El vínculo con Charles Kushner, heredero de una familia de judíos ortodoxos que huyó de la Bielorrusia ocupada por los nazis y se instaló en Nueva Jersey, nace, en cambio, a mediados de los años noventa, entre eventos inmobiliarios y veladas comunitarias. Kushner funda Kushner Companies en 1985, hoy valorada en 7.100 millones de dólares según Forbes. Afín al Likud, pero activo en los círculos demócratas, dona entre 1996 y 2003 cientos de miles de dólares al principal lobby judío en Estados Unidos, el IPAC, y apoya a Al Gore y a los Clinton. Condenado en 2005 por evasión fiscal y manipulación de testigos, cumple 14 meses de prisión, pero sigue siendo intocable a los ojos de Trump, quien lo indulta en su primer mandato y lo nombra embajador en Francia en el segundo. En aquellos años, el vínculo con Netanyahu ya era indisoluble: piensen que, en los años noventa, como líder del Likud y primer ministro de manera intermitente, se alojaba a menudo en la casa de los Kushner en Livingston, llegando incluso a dormir en la habitación de Jared, entonces adolescente.

Este último inicia en 2005 una relación con Ivanka Trump; al año siguiente, a los 25 años, adquiere por 10 millones de dólares el New York Observer, plataforma clave para penetrar en las élites políticas y culturales neoyorquinas, que luego se orienta hacia posiciones afines al Partido Republicano bajo la dirección de Ken Kurson desde 2013. El matrimonio de 2009, precedido por la conversión de Ivanka al judaísmo con el rabino Haskel Lookstein, introduce a Trump en un entorno religioso y financiero influyente en Israel y Oriente Medio, desembocando en el papel destacado de Jared en la campaña de 2016 ante los donantes del Likud estadounidense y del AIPAC.

Donald Trump

Donald Trump © Imagoeconomica

El caso del 666 de la Quinta Avenida: la bestia que gruñe a los países del Golfo

Uno de los episodios más inquietantes de la familia se refiere, sin duda, al rascacielos del número 666 de la Quinta Avenida, adquirido en 2007 por Jared a través de Kushner Companies por 1.800 millones de dólares —tres veces 600 millones de dólares—, el precio más alto jamás pagado por un edificio en Manhattan. La crisis de 2008 convierte la operación en una pesadilla financiera: el edificio permanece parcialmente vacío mientras la hipoteca, superior a 1.000 millones de dólares, se aproxima a su vencimiento de 2019.

En ese momento, en 2017, según The Intercept y The New Yorker, Charles Kushner intenta obtener financiación del fondo soberano de Catar —Qatar Investment Authority— para salvar la inversión. La propuesta es rechazada por considerarse demasiado arriesgada.

Pocos meses después llegan las represalias: el 5 de junio de 2017, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto imponen un bloqueo económico y diplomático a Catar, acusado de apoyar el terrorismo y mantener vínculos con Irán. Aunque Catar alberga la base militar estadounidense de Al Udeid, una de las más importantes de la región, la administración Trump se alinea con los países del Golfo, rompiendo con la tradicional neutralidad estadounidense entre sus aliados árabes y alimentando la sospecha de una conexión con la frustración de los Kushner por no haber obtenido el rescate financiero. Solo en 2018, mientras Washington inicia una mediación para poner fin al bloqueo, la canadiense Brookfield Asset Management adquiere un contrato de arrendamiento a largo plazo para el 666 de la Quinta Avenida, salvando la inversión de los Kushner. Entre los accionistas de Brookfield Property Partners figura precisamente el QIA, el mismo fondo que un año antes había rechazado la solicitud de Kushner.

Francesca Albanese

Francesca Albanese © Paolo Bassani

Affinity Partners y la política de Oriente Medio

Y así llegamos a 2020, cuando la influencia de Kushner resulta determinante en la formulación de los Acuerdos de Abraham, firmados el 15 de septiembre de 2020 en la Casa Blanca, que normalizan las relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos. Detrás del anuncio diplomático se esconde una de las operaciones de arquitectura financiera más sofisticadas de la administración Trump: desde 2017, Kushner teje una red de relaciones informales con Mohammed bin Salman y Mohammed bin Zayed, eludiendo a menudo los canales institucionales estadounidenses.

Ese mismo año, Kushner funda en Miami el fondo Affinity Partners, que reúne más de 3.000 millones de dólares, incluidos 2.000 millones de Arabia Saudita y 200 millones de Catar y Emiratos. El fondo invierte en empresas israelíes como Check Point, OurCrowd, Wix, CyberArk y Nano Dimension, mientras mantiene una participación del 15 % —entre 110 y 150 millones de dólares— en el grupo Shlomo, que controla los astilleros militares israelíes de Haifa. El 29 de enero de 2025, coincidiendo con el alto el fuego en Gaza, Affinity duplica su participación —fíjense ustedes— en Phoenix Financial hasta el 10 %, una compañía que, además de controlar KSM, está vinculada a la financiación de los asentamientos en Cisjordania y los Altos del Golán. En julio de 2026 vende una cuarta parte de esa participación, ingresando casi 350 millones de dólares.

Esto es en lo que se ha convertido, de hecho, Israel: una máquina de hacer dinero para las élites, dentro de un mecanismo perverso que Francesca Albanese ha identificado como «economía del genocidio».

Un sistema de muerte que alimenta las ganancias de los grandes fondos que poseen participaciones en el sector militar, en la inteligencia artificial aplicada a objetivos militares y a la vigilancia y, por supuesto, en el sector inmobiliario. A este respecto, recordemos el plan de la Casa Blanca para el traslado «voluntario» de unos dos millones de habitantes de Gaza, respaldado por incentivos financieros, con la zona sometida durante diez años a administración estadounidense y transformada en un centro turístico y tecnológico. El proyecto, denominado GREAT Trust —Gaza Reconstitution, Economic Acceleration and Transformation Trust—, sitúa precisamente a Jared Kushner en un papel central: el 27 de agosto participó en una reunión dedicada al futuro de la Franja.

El contexto se agrava por las declaraciones de integrantes del Gobierno israelí: el 17 de septiembre de 2025, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, definió Gaza como «una mina de oro inmobiliaria» ante una conferencia de la industria inmobiliaria de Tel Aviv, mientras que el 21 de octubre de 2024, la líder del movimiento de colonos Nahala, Daniella Weiss, anunció un acuerdo de millones de dólares para viviendas temporales en la Franja sin revelar quiénes eran los inversores, durante una conferencia celebrada en una zona militar cerrada, con la participación de miembros del Likud.

Bezalel Smotrich

Bezalel Smotrich © Imagoeconomica

El caso chino

Para China, Israel es un socio estratégico capaz de proporcionar capacidad tecnológica, estabilidad política y una ubicación geográfica privilegiada entre el Mediterráneo y Oriente Medio. El objetivo de Pekín es convertir a Israel en un punto de apoyo para reducir su dependencia del canal de Suez. Desde 2021 y hasta 2046, la compañía estatal china Shanghai International Port Group gestionará el Bayport Terminal del puerto de Haifa. La infraestructura, dotada de un muelle de 1.500 metros de longitud, puede mover más de 1,8 millones de contenedores al año.

Sin contar con que los mismos fondos implicados con Israel hoy también invierten en Pekín. El 19 de septiembre de 2026, la China Securities Regulatory Commission (CSRC) concedió a BlackRock Fund Management Co. Ltd. la condición de Qualified Domestic Institutional Investor (QDII), un acontecimiento que marca un punto de inflexión en las relaciones entre el gigante estadounidense de la gestión de activos —unos 13,9 billones de dólares en activos globales bajo gestión a comienzos de 2026— y Pekín. Esta condición permite a BlackRock captar capital directamente de inversores chinos en el mercado nacional y destinarlo a inversiones en títulos extranjeros, aprovechando la creciente demanda de diversificación global de los ahorristas chinos, en un contexto de escasez crónica de cuotas QDII disponibles. BlackRock se convirtió así en la cuarta gestora de fondos de capital íntegramente extranjero en China que obtuvo esta licencia, después de JPMorgan Asset Management, Manulife Fund Management y Morgan Stanley, pero con una diferencia sustancial: fue la primera en obtenerla habiendo nacido desde el comienzo como una entidad de capital extranjero al 100 %, mientras que las otras tres la habían adquirido cuando todavía eran empresas conjuntas con socios locales, antes de su conversión.

Destrucción en Gaza

El genocidio palestino para detener toda resistencia

Netanyahu no quiere aplastar al pueblo palestino por un motivo ideológico o racial. El motivo es el poder económico: un poder que quiere imponerse sobre toda la humanidad. Palestina debe ser aniquilada no por lo que es, sino porque representa el último bastión de resistencia frente a un sistema económico mundial criminal y mafioso.

Los palestinos reclaman la independencia, que Israel podría conceder rápidamente. Pero su lucha no se refiere solo a la independencia: también expresaría la aspiración a un mundo libre, en el que todos tengan derechos y puedan vivir dignamente.

Un ejemplo semejante no es tolerado por el sistema de poder mundial. Palestina también es atacada para desalentar otras formas de resistencia: jóvenes, nuevos partisanos, nuevas ideas y movimientos revolucionarios en todas partes del mundo.

Si Palestina fuera aplastada y aniquilada, otros jóvenes, revolucionarios, líderes y activistas podrían desistir y someterse a lo que considero una supremacía económica autoritaria. La aniquilación de Gaza sirve para mostrar al mundo quién tiene el poder, e Israel es quien desempeña ese papel de verdugo.

Solo nosotros tenemos el coraje de decirlo.

Ninguna de las naciones más poderosas del mundo, las siete potencias mundiales, tiene la fuerza económica ni la capacidad de detener a los grandes poderes y al Gobierno fascista, extremista y nazi de Benjamín Netanyahu, porque está financiado por los bancos más poderosos del mundo, por los lobbies financieros más poderosos del mundo, que involucran incluso a los actuales «enemigos» comerciales y militares de Estados Unidos de América, es decir, China y Rusia. Por lo tanto, existe un acuerdo mundial: con excepción de Irán, los revolucionarios yemeníes, Hezbolá y los partisanos palestinos, todo el mundo está coaligado para apoyar a Israel y cometer la aniquilación de Gaza como ejemplo para toda la humanidad, tal como hizo Hitler con los campos de exterminio.

Hitler, de hecho, en su locura quería demostrar al mundo que el dominio económico pasaba de manos judías a manos de la raza aria, y por eso todo lo que no fuera ario debía ser exterminado o esclavizado. Hoy, todo lo que no encaje en el sistema económico y financiero mafioso y criminal de los lobbies mundiales debe ser aplastado o aniquilado. ¡Esta es la verdad! Esperamos no estar solos en el coraje de gritarla y afirmarla.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Netanyahu vomita en la ONU la propaganda del genocidio y los delegados abandonan la sala

Sobre el 7 de octubre, Netanyahu sabía, pero «formaba parte de un plan más amplio»

Ataques israelíes en el Líbano: los sismógrafos registran un temblor de magnitud 4,1

El viaje infinito del sudario de Gaza

Imagen de portada de Paolo Bassani. Realizada con apoyo de IA.

Fuente: ANTIMAFIA Duemila