LA LUCHA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

arielPor Jean Georges Almendras-30 de setiembre de 2017

Tiene 26 años, es artesano y vive en el Bolsón. Era (y sigue siendo) un testigo protegido, lo que quiere decir que su identidad debe mantenerse reservada para el mundo. Pero no fue así. Fue ventilada nada menos que por la Ministra de Seguridad Patricia Burllicch y por la negligencia del Juez Guido Otranto, que ni siquiera dio valor a su testimonio, ni a la prueba que se le presentó, un celular que si siquiera fue peritado. Hoy Ariel lleva una vida cargada de miedos y de temores, y de inseguridades, pero también de certezas. Entiende que aquel revés del destino, de dejarlo expuesto con nombre y apellido, en alguna medida sirvió y sirve para preservarlo. Los medios de comunicación lo sacaron del anonimato y aunque no lo aislaron de los amedrentamientos y las bravuconadas que la policía ejerce sobre él, lo ubicaron si acaso en la ventana del mundo, que no es un salvoconducto para la seguridad de su integridad física, pero algo es algo. Si acaso para poder ir llevándola, día a día, hasta que también algún día la verdad salga a la luz. Si acaso para que se sienta contenido por las bondades de ser mediático. Y si acaso, al menos, para que los represores que están a la orden del día, no les sea tan fácil echarle el guante a balas o hacerlo desaparecer como a Santiago. Con este panorama, Ariel Garzi mantuvo un diálogo con periodistas de La Izquierda Diario. De ese encuentro rescatamos aspectos que son sustanciales para conocer más a fondo su honesta y valerosa visión sobre lo que le ocurrió a Santiago Maldonado, su amigo. Sin olvidar que al día siguiente de la represión del 1ero de agosto, lo llamó a su celular y alguien atendió por 22 segundos. Después, el silencio.

“Mi relación con la comunidad la empiezo desde que llegué a El Bolsón. El 10 de enero en una represión que sufrió la comunidad, estaba la orden de liberar las vías donde había un corte realizado en el viejo expreso de “La Trochita”. Ese día había un despliegue de más de 250 efectivos de Gendarmería, escuadrones del Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF) y mucho policía de civil. Nosotros éramos seis personas cortando las vías que pasan por la comunidad. En la represión sufrí impactos de balas de goma y a algunos nos pasaron por arriba con los caballos. Yo quedo detenido y de ahí nos llevan al escuadrón de Gendarmería, después nos trasladan al Penal 14 de Esquel ,donde estuve seis días preso. La orden la había dado el juez Otranto”

En la entrevista con La izquierda Diario Garzi explica que sufrió hostigamientos de la Policía desde 10 de enero hasta el 1ero de agosto y que cuando lo paraban policías lo trataban de “indio tira piedra” o le decían “pendejo de mierda ¿Qué haces con los mapuches?”. Pero también habla sobre su amistad con Santiago: “Yo era su amigo desde que él llegó a El Bolsón a principios de abril. Era un buen pibe, tenía 28 años, tatuaba, era vegano. Cambiaba trabajo por comida, hacía changas para vivir. Era muy solidario. Cuando estuvo en Chile estuvo solidarizándose con las huelgas de los pescadores. Hablábamos y sacábamos conclusiones de que acá lo que viven las comunidades es una cacería. Lo que el Estado está queriendo hacer es aniquilar a las comunidades mapuches en beneficio de terratenientes extranjeros, que lo único que quieren hacer es seguir comprando tierras acá, para en un futuro hacer el negociado de la minería y matar a la tierra. Quieren matar a la gente que vive ahí y luego quieren matar a la tierra”

Ariel Garzi fue protagonista de un episodio que por su naturaleza causó impacto no solo él mismo, sino a la sensibilidad de la opinión pública. Haber llamado a Santiago, no escucharlo y quedar sumido en la más indescriptible angustia (y rabia), por desconocer qué estaba ocurriendo. Fue el peor de los dolores y la peor de las experiencias que tuvo Garzi.

“El día 2 me mandan una foto por WhatsApp de una persona que Gendarmería se había llevado, es ahí que reconozco a Santiago. A las 15:23 lo que primero que atiné a hacer es llamarlo por teléfono, no me pregunten por qué lo hice. Como sabía que se lo había llevado Gendarmería sabía que no había ninguna chance de que me atienda, no sé por qué tuve el impulso de llamarlo. Al cuarto tono de la llamada me atienden durante 22 segundos. Lo empecé a llamar por “Brujo” como le decíamos nosotros. Lo llamé un par de veces hasta que empecé a sentir pasos fuertes, era como un lugar vacío con eco y con pasos similares a los de botas. Ese sonido lo reconocí porque el 10 de enero estuve en la celda de castigo y se escuchaban cuando venían caminando los gendarmes. En el momento que me rescato de eso, empecé a insultar a los milicos, a los gendarmes. Llegado los 22 segundos me cortan la llamada. Inmediatamente volví a llamar y ya el teléfono me daba apagado. Durante dos días intenté llamar y me daba apagado el teléfono”

“El lugar pudo haber sido una habitación vacía, pudo haber sido una casa con pisos de madera que haga retumbar más el sonido. Lo primero que se me viene a la cabeza es la celda de castigo, pero todos sabemos que no hay registro de que haya estado en ninguna cárcel, ni en ninguna comisaría”

Hoy por hoy el juez Otranto ya fue. Hoy por hoy, las investigaciones las lleva adelante el juez Guillermo Gustavo Lleral. Y hoy por hoy, el joven Garzi no anda con tibias al opinar sobre el caso en sí.

El periodista de Izquierda Diario preguntó: ¿Y Garzi, cómo cree que actuó la Gendarmería aquel 1ero de agosto?. Garzi contestó sinceramente:“Es impresionante como se contradicen, por ejemplo el gendarme Echazú, el que aparece en las fotos lastimado. Primero dice que fue herido antes de entrar al Pu Lof y que por eso mismo dieron la orden de ingresar a reprimir, dijo también que nunca había tenido contacto con manifestantes y que nunca había llegado a la rivera del río. Después en otra declaración dice que él fue agredido dentro de la comunidad y que tuvo conflicto con uno de los manifestantes en la orilla del río y hay una foto de Echazú, de él solo subiendo del río con una escopeta en la mano. Esa escopeta no es reglamentaria para Gendarmería en ningún tipo de operativo, es cacha de madera, toda arma de Gendarmería tiene que ser negra. Yo estuve hablando con la gente de la comunidad, estuve hablando con uno de los peñis que lo quiso ayudar a Santiago a cruzar el río. En el momento Santiago decide volverse, porque no sabía nadar y sentía que estaba demorando al peñi. El peñi cuando cruza el río escucha a los gendarmes decir “quedate quieto, quedate quieto” “tenemos a uno”A los pocos segundos escucha un escopetazo”

“¿Qué es lo que yo supongo? Ya que viví una experiencia similar y sé cómo se manejan, a Santiago lo fusilaron, es así de simple. Este es mi punto de vista personal: a Santiago lo fusilaron a la orilla del rio y si me preguntas quien fue, el nombre es el Sargento Echazú” concluyó Garzi, en el dialogo con los colegas de la Izquierda Diario.

Todo esto indigna. Antes, durante y después. Todo esto nos subleva como periodistas. Fueron testigos los comuneros de Pu Lof y hay un testigo que llegó a dialogar con un silencioso implicado en la desaparición forzada; un implicado (cuyo rostro habrá que definir) que llegó a atender el teléfono celular de Santiago, y la justicia fue a paso de tortuga, o literalmente inclinó la balanza y puso a distancia a los gendarmes. Impunemente.

¿Ahora con el Juez Guillermo Lleral, esos vientos de impunidad se alejarán de Esquel? Preguntamos. Y aguardamos respuesta. Porque vamos tras la verdad, como tantos colegas de la prensa libre.

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*Foto de Portada: www.pagina12.com